jueves, 29 de abril de 2010

LOS RIOS QUE NUNCA LLEGAN AL MAR


Los ríos que van al mar
Los ríos que van a dar al mar, que nacen en lo alto de la montaña. Discurren alegres en sus primeros momentos, dejando a su paso frescor, agua clara, limpia que invita a tu paz interior. Ríos que pasan pos llanuras, por ciudades y a medida que su curso avanza se van contaminando por el camino, todos se apoyan en él y cada vez sus aguas son más oscuras, sin vida. Y por fin llegan al mar, todo el camino recorrido, todas las dificultades pasadas, para llegar a la meta esperada, pero cuando al fin su camino ha concluido, se encuentran con un mar turbulento, que no deja que su agua dulce se integre en la inmensidad del océano, una nueva lucha para poder formar parte del todo, el océano.
Si los ríos tuvieran pensamientos, estoy segura que se sentirían muy defraudados, buscan el camino, traspasan las dificultades para llegar a formar parte de un todo y cuando ya lo tienen ahí, resulta que no acaban de encajar del todo, que no se sienten parte de nada. Y comienza un nuevo ciclo.
Pero cada vez que ese ciclo comienza, el rio va perdiendo fuerza, porque ya no quiere llegar al mar, porque su caudal cada vez es más tenue, y llega un momento en el que desaparece.
No importa demasiado porque para sustituirle han aparecido en su lugar otros dos.
Solo somos un paso más en la vida de alguien, otras personas lo han sido en la nuestra, lo malo es que en la vida de algunas personas lo que llegan se quedan para siempre, y digo lo malo, cuando debería ser lo ideal, porque eso es lo que tu das y lo que recibes, porque cada ser humano debe saber que hacer en cada momento, que dar, no tiene nada que ver.
Vida en la naturaleza, en la que todos se respetan por su jerarquía, no hay trampas, menos en el ser humano, que si puede vivir atropellando a los demás se llama un triunfador. No importa por encima de quien pases, como se queden los que dejaste en la cuneta, con no mirar hacia atrás es suficiente. No perdones nunca, no des segundas oportunidades, eso es síntoma de debilidad.
No se me muere un hijo cada 4 años para poder solucionar los problemas de los demás, y además con ese sentimiento de has sido tú la que tienes la culpa de todo, yo no he hecho nada que no debiera hacer.
Ríos que nunca llegaran al mar por más que luchen en su camino.

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